sábado, 2 de octubre de 2010

El tiempo demostrará si Correa se fortaleció

 ***SNN
Redacción Política - political@elcomercio.com
La imagen de Rafael Correa, descontrolado, tratando de arrancarse la camisa y retando a que lo mataran será difícil de olvidar. Lo hizo frente a la tropa insubordinada del Regimiento Quito de la Policía, el cuartel más grande de la ciudad y el bastión de la protesta de los uniformados.


Francisco Latorre, asesor del Presidente, aseguró que la decisión de ir al Regimiento fue del Primer Mandatario. “Nadie le asesoró para que acudiera al sitio, pese al riesgo que eso conllevaba”.


La caravana que salió de Carondelet fue de 10 vehículos. Correa estuvo acompañado por su escolta personal, un asistente y su enfermera. También fueron transportados los equipos de prensa de la Presidencia y de Ecuador TV, la televisión estatal del país.


Esas medidas fueron insuficientes para evitar que Correa estuviera retenido por más de 10 horas en el Hospital de la Policía y que se llegara a decir que su vida corría peligro. La tensión en el país subía con el paso de las horas. La solución no parecía llegar y, aunque durante ese tiempo se intentó llegar a un acuerdo, este fue rechazado por el Mandatario y por los policías levantados.
La crisis desencadenó un enfrentamiento entre las fuerzas élites del Ejército, los policías sublevados y los civiles. Hasta la tarde de ayer se confirmó la muerte de seis personas y más de 193 resultaron heridas en el país.
Latorre, quien es amigo personal de Correa, lo conoce desde los 5 años. Asegura que “tuvo mucha tolerancia (en las horas de la mañana) ya que pudo haber dado otro tipo de disposiciones. El Presidente nunca iba a claudicar”.


La actitud del Mandatario ha causado diversas reacciones. En Alianza País y en el Gobierno se corroboró una vez más su liderazgo. Esto porque logró cumplir con su promesa de no ceder ante los pedidos de los levantados para que se reformara la Ley de Servicio Público.
Hay voces que opinan lo contrario. Para el coronel del Ejército (r) Galo Monteverde, conocedor de temas de seguridad, lo del jueves debe analizarse con calma. A su juicio, es cuestionable la actitud de Correa, que por su forma de actuar causó un enfrentamiento entre ecuatorianos. “Quiere aparecer como un caudillo... como un héroe ante los medios de comunicación y en el exterior”.


El oficial retirado dice que Correa fue quien provocó la reacción de la Policía y fue desafiante. “Esto no fue un golpe de Estado, sino una insurrección de un grupo policial. Se ha exagerado el carácter de esta crisis, que fue provocada por el Presidente. Sus ministros debían ser los encargados en solucionar este problema que no es nuevo, el malestar de policías y militares lleva dos años”.
El Gobierno ha ratificado que lo que sucedió en esas largas horas fue un intento de derrocar al presidente Correa y de asesinarlo. Esa hipótesis fue el hilo conductor de la cadena nacional que, por más de cuatro horas, el Gobierno mantuvo en el aire y fue una suerte de voz oficial ante la prensa mundial.


El ministro del Interior, Gustavo Jalkh recalcó ese criterio. Ayer manifestó que se quiso atentar contra la vida del Primer Mandatario, con un trasfondo de conspiración. “Íbamos a sacarle (a Correa) resguardándolo por una calle de honor; pero el análisis de Inteligencia demostró que en la protesta había una mezcla de policías arrepentidos, infiltrados y francotiradores que estaban listos para atentar contra la vida del Presidente”.


Ese es otro mensaje que se repite constante: la vida del presidente Correa estuvo en peligro constante. Las últimas semanas la situación política del Jefe de Estado y de la Alianza País era difícil.
La aprobación del veto del Ejecutivo a las leyes de Educación Superior, Territorial y de Servicio Público aumentó el descontento de sectores que se sentían perjudicados y que no fueron escuchados por el movimiento oficialista. Algunos de ellos fueron los policías de tropa.


Pamela Cruz, comunicadora social, sostiene que lo sucedido el jueves fue una oportunidad para medir la aceptación del Presidente. Y para el Mandatario sirvió de termómetro en relación a sus colaboradores y su capacidad para controlar la comunicación, con el Estado de Excepción. “Sin embargo, él más que un líder se mostró como un concentrador de poder: fue a negociar y fue secuestrado. En ese sentido fue un osado más que un mandatario”.


Santiago Albán, editorialista y ex dirigente estudiantil de la Universidad San Francisco, dice que el Jefe de Estado ha terminado con una imagen dividida: entre el héroe y el causante de la crisis que se vivió en la nación. Lo más probable es que los incidentes fortalezcan su imagen y que las cosas que estaban generando mucho conflicto, como la aprobación de leyes, pasen sin discusión ni debate”.
Para el director de Informe Confidencial, Santiago Nieto, es pronto para saber cómo quedará la imagen de Correa. Ese es un plazo para que todos los actores y la ciudadanía procesen lo sucedido.


Iván Castro, decano de la facultad de Jurisprudencia de la Universidad Católica de Guayaquil, espera reflexiones de parte del Presidente. En el debate de las leyes, por ejemplo, Correa no está actuando como colegislador, sino “como legislador único. Eso trastoca el concepto de división de funciones del Estado”.


En su balance, Castro no ve a Correa dueño del triunfo. “Recibió un duro golpe y eso no puede fortalecerlo. La razón: aunque el Régimen hizo el veto, los asambleístas fueron corresponsables del problema, pero ellos no aparecieron frente a la protesta policial.
Si el tema es la falta de consensos políticos, Nelsa Curvelo, analista guayaquileña, reclama ese diálogo. Las imágenes de ayer proyectaron una nación en caos y con un débil tejido democrático.


Testimonio - Aminta Buenaño / Asambleísta AP
‘Vimos a policías que se unieron a estudiantes para quemar llantas’
El miércoles en la noche volví a Guayaquil porque el jueves en la mañana tenía una cita con mi médico particular, y pensaba viajar a Quito el jueves al mediodía para la sesión del Pleno. Encontramos que el aeropuerto había sido tomado, y desde las primeras horas de la mañana empezó una convulsión dentro del país, especialmente en Guayaquil. Empecé a recibir llamadas de algunos de mis compañeros sobre la situación anómala que estaba ocurriendo y que yo estaba viendo por televisión.


Luego me dirigí junto con mi secretaria a la Gobernación del Guayas, para reunirme con el gobernador Cuero y defender la plaza de Guayaquil. En el trayecto nos dimos cuenta de que no había policías, de que las calles estaban desiertas y los negocios estaban cerrando apresuradamente, el puente de la Unidad Nacional había cerrado.


También participamos de una manifestación muy grande que había en los bajos de la Gobernación reclamando por la democracia y por la vida e integridad del presidente Rafael Correa. Dentro de la Gobernación estaban casi todas las autoridades, vino el coronel Joel Loayza y también vino el coronel (Juan) Ruales, quien habló con nosotros y ofreció explicarle a la tropa y pedirle que patrulle los sectores que estaban siendo agobiados por la delincuencia. Estaban ahí también mis compañeros asambleístas que, como yo, no pudieron viajar a Quito: Gina Godoy, Omar Juez y Hólger Chávez, y seguíamos por televisión los acontecimientos y las observaciones de las autoridades de lo que estaba ocurriendo en diferentes sectores de la población. Vimos cosas terribles, sectores de la Policía que se habían unido a los estudiantes para quemar llantas, parecía un teatro del absurdo.

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