Lo que era un conjunto de casas en ruinas, antes habitadas por los trabajadores del ingenio San José, del cantón Urcuquí, Imbabura, se ve rehabilitado.



Son 19 viviendas típicas, de adobe, teja y madera, de un poco más de 100 m 2 cada una. Casi listas para recibir a los futuros estudiantes de Yachay (saber en quichua), la Ciudad del Conocimiento, uno de los proyectos más ambiciosos del Gobierno, el cual ha dado sus primeros pasos.



El fin: consolidar un inmenso centro de investigación científica, único en el país, y acaso en América Latina, por la magnitud de las cifras: USD 20 mil millones de inversión en diversas fases (durante 16 años) con apoyo de países como Corea del Sur, y firmas extranjeras; 4 270 ha regadas en un valle privilegiado, rodeado de montes pardos, junto a Urcuquí, localizado a 19 km al noroccidente de Ibarra.



Marco Quilca, uno de los tres albañiles que el pasado jueves construía las viviendas, dijo que el trabajo comenzó en agosto (2012).



Están listas 19 de un total de 32. Tienen cocina, sala, comedor y cuatro habitaciones. Un profesional, que pidió omitir el nombre, explicó que en la primera fase el Ministerio Coordinador de Patrimonio y el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), en convenio con Senescyt, reconstruyen las casas patrimoniales.



Al ingresar en el valle por un camino de piedra, flanqueado de tapiales, se revela una vasta planicie de verdes cañaverales, de cultivos de ciclo corto: tomate de árbol y tomate riñón, fréjol, chirimoya, cítricos, algodón…



El valle fue una apacible floresta hasta antes de que el Régimen lo designase sede de Yachay. Sus cotizadas fortalezas: abundante agua clara (las 24 horas) que llega por arcaicas acequias, desde tiempos de la Colonia, de más de 20 km de longitud; la temperatura oscila entre los 20 y 25°C, lo cual crea un clima cálido-seco; tierra fértil.



El agua viene de la cuenca hídrica de la Reserva Cotacachi-Cayapas y de varios ríos.



Urcuquí es historia y leyenda. En la hacienda San Vicente de Flor nació, en 1771, el prócer de la Independencia Antonio Ante.



La hacienda, en proceso de expropiación al dueño actual, Fernando Madera, ex campeón de automovilismo y conocido comerciante ibarreño, es un vergel.



La vía de entrada, de más de 1 km de añosos molles, llega hasta una casona señorial de salones, zaguanes misteriosos, en la que resalta una cúpula de estilo mudéjar. Jardines. Establos. Pilas de piedra. Caballos pastando. Hoy todo es silencio. Pesados candados clausuran los portones coloniales.



San José, la hacienda dominante y más extensa (872 ha), comienza a la entrada del valle. Perteneció al Gral. Juan José Flores y luego a su descendiente de alcurnia, Jacinto Jijón y Caamaño y Flores, historiador, líder del poderoso Partido Conservador, y emprendedor de la industria azucarera por los años veinte. 



El ingenio San José, en remodelación, se avista -1 kilómetro abajo- desde la mansión blanca y neoclásica de la hacienda, de bellos jardines y senderos de piedra. Será la biblioteca de Yachay.



Sentado en un confortable sillón de su oficina, que da al fresco parque de Urcuquí, el capitán aviador en servicio pasivo, Nelson Félix Navarrete, alcalde de Urcuquí, es el más entusiasta de Yachay.



“Creará fuentes de trabajo y traerá progreso al pueblo”, dijo. Detrás del escritorio, dos grandes retratos del presidente Correa se destacan en la oficina. Félix afirmó que en las 4 270 ha se levantarán edificios -de no más de tres pisos- para laboratorios, espacios académicos y administrativos, parque industrial, 16 institutos tecnológicos, como el Iniap y el Izquieta Pérez.



Dijo que el último dueño de la legendaria hacienda San José fue Francisco Salvador. Según Félix, el 70% de Yachay se sitúa en siete grandes haciendas. Además de la de Fernando Madera y la de Salvador citó: San Eloy (familia Ponce), Santa Isabel (familia Endara), Lavanda (familia Merlo), Las Marías, (Hugo Grijalva). Recalcó que las tierras de ocho comunas (un promedio de 60 familias por comuna) no serán afectadas.



La tierra en litigio La partida de nacimiento de Yachay afectó a los hacendados, productores de caña de azúcar.



Conmovido, el ex piloto Madera apuntó que levantar San Vicente de Flor le llevó 35 años de su vida.



Poco a poco, a partir del 11 de febrero de 1978, adquirió las primeras 86 ha a los herederos Durán Rosales (una parte) de la antigua hacienda, que perteneció a Rafael Rosales Félix. Antes, en la Colonia, fue del marqués Vicente López de la Flor, tío materno de Antonio Ante López de la Flor.



“Sin conocer de agricultura entré en cuerpo y alma a cultivar caña de las variedades campos Brasil y Puerto Rico”. “Aprendí. Cultivé un promedio de 180 toneladas por ha, destinadas al ingenio azucarero Iancem, de más de medio siglo y la principal y única agroindustria de Imbabura”. “Hoy, el ingenio trabaja un 30% menos por la expropiación de las tierras”.



Para el coronel Marco Ávila, presidente del Centro Agrícola de Urcuquí, 79 predios han sido afectados desde 1,5 ha hasta más de 800 ha. “50 propietarios vivimos en la incertidumbre, aún no recibimos la demanda de expropiación de Inmobiliar, la empresa estatal a cargo de este proceso”.



 Ávila y Madera coincidieron en que las tierras estaban en plena producción. Al amparo del Art. 58 de la Ley de Expropiaciones reclamaron un precio justo de avalúo comercial actualizado .



Ávila calificó de injusto el precio que les quieren dar: USD 8 000 por ha. “Considerando la tierra pródiga, el agua, la producción, inversiones, en lo que fue la hacienda Coñaqui, 1 hectárea está a USD 30 000 y USD 25 000 en la vecina Perihuela; exigimos un precio justo”.



Madera dijo que el costo lo calculó el Municipio de Urcuquí con base en el impuesto predial de hace 8 años.



 Reveló que una gran falla geológica va desde El Ángel, Urcuquí y Otavalo. “La moral de los hacendados está afectada, hubo casos de preinfarto”.



Fuente: EL COMERCIO*