domingo, 18 de julio de 2010

Régimen quiere una seguridad especializada para Carondelet

***SNN
EL UNIVERSO

Cambios en escolta

La labor en el equipo de seguridad del presidente Rafael Correa es más exigida cuando él realiza viajes en las provincias, en las que se incluyen recorridos.
















Vinicio Alvarado, secretario general de la Administración, y sus familiares también cuentan con seguridad especial.

Un oficial de las Fuerzas Armadas, designado de una nómina de candidatos que presente el Ministro de Defensa, se encargará de dirigir el Servicio de Protección Presidencial que custodiará al Mandatario, al Vicepresidente y al Secretario de la Administración Pública.

Antes, la encargada de la seguridad del Presidente fue la Casa Militar, establecida en un decreto suscrito por el ex presidente Sixto Durán-Ballén; en los gobiernos de Gustavo Noboa y Lucio Gutiérrez también hubo cambios.

Servicio de Protección Presidencial (SPP) es el nombre de creación ¬mediante decreto ejecutivo firmado el pasado 8 de julio¬ de la nueva unidad que deberá fortalecer y garantizar la seguridad del Presidente, del Vicepresidente, del Secretario de la Administración Pública; y de sus familias, tanto dentro como fuera del país.

Esta unidad, que nació de la fusión de la antigua Casa Militar Presidencial y del Escuadrón de Transporte Aéreo, también dará seguridad a las instalaciones del Complejo Presidencial y los lugares en los que estén. El presidente Rafael Correa aseguró el viernes pasado en Sigchos, Cotopaxi, que no es cierto que se creó otra dependencia, sino lo que se busca es darle autonomía administrativo-financiera a la actual Unidad de Seguridad.

Aclaró que no se contrató una persona más en el Palacio de Carondelet y que el objetivo es la profesionalización de esa dependencia. “No es lo mismo la formación militar para cuidar la frontera que para cuidar al Presidente de la República”, dijo el mandatario, quien ¬según un estudio realizado por expertos en seguridad que aún no se hace público¬ habría recibido la sugerencia de trasladar su residencia (que hoy está en Carondelet) al cuartel militar de Eplicachima, ubicado en el sur de Quito, en el sector de San Bartolo.

Para el ministro de Seguridad Interna y Externa, Miguel Carvajal, la creación del SPP no es una medida coyuntural, al contrario ¬dijo¬ que esto se viene trabajando hace casi dos años con los responsables en seguridad de la Presidencia de la República. “Esto da continuidad a lo que ya existe”, refirió.

No obstante, el decreto sí genera cambios en el manejo. Por ejemplo, se abre la posibilidad de que en esta dependencia tenga personal militar, policial y civil, y que su permanencia en la unidad sea de al menos un periodo de gobierno, tiempo en el cual deberá ser capacitado y evaluado.

Además, estará al mando de un oficial de las Fuerzas Armadas y su designación será de una nómina de candidatos que presente el Ministro de Defensa. El cargo será de libre nombramiento y remoción.

Hasta la creación del SPP, la encargada de la seguridad del jefe de Estado, con el respaldo del Escuadrón de Transporte Aéreo, fue la Casa Militar que jurídicamente ya no existe.

Su estructura fue definida en un decreto suscrito por el ex presidente Sixto Durán-Ballén, en 1995. Ahí se estableció el mando al jefe de la Casa Militar, que el cuidado del complejo de Carondelet sea responsabilidad del Grupo de Escolta Presidencial y que solo el cuidado del Presidente y Vicepresidente sea de las Fuerzas Armadas.

Los cambios en el personal se hacían de acuerdo a las disposiciones y requerimientos de la institución militar. A la Policía se le dispuso, en ese documento, la asignación de los medios que requiera el jefe de la Casa Militar. Pero no se hizo referencia a los civiles ni se abre la posibilidad de su ingreso al Servicio, como sí lo hace el nuevo decreto.

Carvajal señaló como cambios la incorporación de la Policía a este Servicio. Además de considerar a la seguridad presidencial como una especialización de la carrera militar. “Quienes hacen ese servicio tienen que ser personas con especialidad, que no estén sujetas a cambios cada año y que tengan experticia en estos temas”, manifestó.

En ese sentido el propio comandante de Policía, Freddy Martínez, dijo el lunes pasado que ellos acatarán las disposiciones del jefe de Estado.

Pese a que los cambios a la estructura de la Casa Militar fueron escasos en los últimos años, la cobertura de la seguridad entregada por los miembros de las Fuerzas Armadas se amplió con el paso de los gobiernos.

En el año 2000, el presidente Gustavo Noboa reformó el decreto de Durán-Ballén y estableció la seguridad personal a cargo de las Fuerzas Armadas no solo del Presidente y Vicepresidente sino que se extienda a sus familiares íntimos.

Este artículo sufrió una nueva modificación durante el periodo de Lucio Gutiérrez, pues se amplió la cobertura al Secretario General de la Presidencia y al Secretario de la Administración Pública. El resguardo para este último se mantiene en el decreto de creación del SPP.

Sobre cuál será su estructura interna, los propios miembros del Servicio deberán elaborar una propuesta para que sea aprobada por el Ministerio de Relaciones Laborales. Al momento los estatutos de la unidad también están en análisis.

Para el coronel en servicio pasivo Luis Hernández, es positiva esta unificación para desburocratizar la seguridad presidencial, que antes se estancaba en el Ministerio de Defensa.

Sin embargo, advirtió la necesidad de una adecuada coordinación con la Secretaría de Inteligencia para hacer efectiva la labor, caso contrario este trabajo se dispersará y no tendrá resultados. Además, él aseguró que el personal que formó parte de la seguridad presidencial siempre fue capacitado y que ahora los civiles que participen deberán cumplir tareas estrictamente administrativas en la unidad.

Desde la llegada de Correa al poder el trabajo del personal de seguridad es muy activo, por sus constantes viajes. Hasta antes de la creación del SPP el equipo de seguridad presidencial lo conformaban tres edecanes de las tres ramas de las Fuerzas Armadas y su rol era estar atento a cualquier posible ataque. Además, 12 oficiales expertos en inteligencia y comunicaciones, 160 granaderos de Tarqui se encargan de la seguridad en Carondelet; y los 120 miembros del grupo de élite destinados para la seguridad del Presidente.

Para los desplazamientos la seguridad utiliza en promedio cinco Blazer iguales, de vidrios oscuros, presididas por un patrullero policial. Todos los autos son revisados por expertos antes de ser utilizados.

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