jueves, 29 de julio de 2010

Solidaridad con los discapacitados

***SNN
Columnistas del Universo


Ricardo Tello Carrión
ricardo.tello@ucuenca.edu.ec

“A mí me encantaría ser jugador del Deportivo Cuenca pero acepto mis limitaciones; así, usted acepte las suyas”.

Esa fue la recomendación que de forma grosera e inconsulta soltó el oculista de la Jefatura de Tránsito del Azuay cuando Katty Astudillo Zhindón ingresó al examen visual.

Al oculista le sorprendió que alguien, a sus 20 años con 120 centímetros de estatura, distrofia muscular y displasia ósea, pretenda conducir un vehículo. Pero Katty, que nunca había aceptado sus limitaciones, persistió y aprobó los exámenes; con la ayuda de un mecánico adaptó un auto y ahora conduce por las calles de la ciudad, mientras el oculista, desde los graderíos del estadio, todos los domingos sigue soñando con ser jugador del Cuenca.

La historia de Katty es como la de muchos discapacitados del Ecuador.

Alcívar Vega es otro ejemplo: ciego parcial de nacimiento (tiene cuatro por ciento de visión, solo percibe sombras) le costó mucho obtener su título de docente en la universidad pública: como no había sistema de educación especializada para ciegos, grababa las clases, las pasaba al sistema braille y los exámenes los rendía de forma oral; literalmente estudió el doble que sus compañeros y sus evaluaciones tuvieron doble complejidad. Su frente está llena de cicatrices, cada una como recuerdo de cada nuevo poste o señal de tránsito ubicada de forma antitécnica en medio de las veredas.

Es por ello que aplaudo, de pie, la misión solidaria Manuela Espejo que lleva adelante el Gobierno en favor del 14% de la población que, según las estadísticas del INEC, tiene algún tipo de discapacidad –según esas mismas estadísticas, el 48,9% de la población está afectado por algún tipo de deficiencia.

Esta cruzada pasó hace poco por el Azuay y en ella se evidenció cómo, en la zona rural especialmente, la discapacidad es aún causa de vergüenza, resignación por un presunto designio divino, o lastre que impide a la familia sentirse incluida en el entorno social.

Este estudio no solo determinará las causas de discapacidades en el Ecuador y la situación social de este sector, el más vulnerable de la población, sino permitirá delinear políticas públicas en salud, educación y bienestar social.

A esta iniciativa, encabezada por el vicepresidente Lenin Moreno, acertadamente se suma el Sistema Nacional de Acogida “Joaquín Gallegos Lara”, que entregará un bono de 240 dólares para las personas con discapacidad física e intelectual severa.

¡Paternalismo! dicen unos. Obligación del Estado, decimos otros.

Un complemento necesario a estos programas es que los ecuatorianos nos propongamos convertir a las urbes en ciudades amigables con los discapacitados.

Es decir que los gobiernos locales tumben las barreras arquitectónicas que impiden su inclusión social: que edificios públicos y privados tengan rampas de acceso y ascensores que permitan el ingreso de sillas de ruedas; parqueaderos con estacionamientos exclusivos para vehículos ortopédicos; institutos fiscales de inclusión laboral; señalización pública especial; baños públicos para gente con discapacidad...

Pero sobre todo, y lo más importante, sensibilidad y actitud ciudadanas. Sensibilidad para evitar mirarlos como diferentes, y actitud para poner en marcha acciones prácticas que los reconozcan como iguales.

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