viernes, 31 de julio de 2015

Golpe blando es golpe a secas

***SNN



Roberto Follari

No por ‘blandos’, los golpes que se dan contra las autoridades legítimas constituidas dejan de ser golpes de Estado, ilegales y antidemocráticos en cualquier caso.

Alguien podría creer que el adjetivo ‘blando’ quita alguna responsabilidad a los perpetradores de la actual modalidad de golpes de Estado, esa que no apela ya a la vieja receta de la abierta asonada militar. Y quien así lo pensara, se equivocaría rotundamente.

Dos casos latinoamericanos relativamente recientes lo atestiguan: el presidente Zelaya en Honduras, expulsado por la insólita irrupción de fuerza pública en su domicilio por la noche; después el presidente Lugo en Paraguay, destituido por vía de una curiosa operación legislativa, oscura y tendenciosa.

Hoy la obra de Gene Sharp, el teórico del mal llamado ‘golpe blando’, me ahorrará trabajo: basta con transcribir fragmentos de su estrategia, formulada para desestabilizar y derrocar gobiernos legítimos y populares. Sharp propone cinco etapas, de menor a mayor en la producción de desorden y caos social:

Primera etapa: Ablandamiento, empleando la guerra de cuarta generación... cabalgamiento de los conflictos y promoción del descontento... promoción del desabastecimiento, de la criminalidad...

Segunda etapa: Deslegitimación, manipulación de los prejuicios anticomunistas... acusaciones de totalitarismo y pensamiento único, fractura ético-política.

Tercera etapa: Calentamiento de la calle, fomento de la movilización de calle, generalización de todo tipo de protestas, trancas...

Cuarta etapa: Combinación de diversas formas de lucha. Organización de marchas y toma de instituciones emblemáticas... desarrollo de operaciones de guerra psicológica y acciones armadas para justificar medidas represivas y crear un clima de ingobernabilidad...

Quinta y última etapa: Fractura institucional sobre la base de acciones callejeras y pronunciamientos militares... se obliga a la renuncia del Presidente.

La ruta de acciones para promoción del caos, la ruptura y el enfrentamiento en lo social no puede ser más clara y precisa. 

Puede cada uno, acorde a esta siniestra ‘receta’ y su aplicación en muy diversos países, sacar sus propias conclusiones. (O)


Fuente: EL TELÉGRAFO


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